miércoles, 5 de noviembre de 2008

Vertiginosas mareas pueblan extraños momentos de la noche púrpura.

Una luz, ay. Me enceguece, me deja sorda. Me asusta. Me da terror, pánico de verte. De oírte. La luz. Más que tu voz. La luz que irradia esa linterna en tu pecho. Ay, cómo duele. Me hiere. Me lastima, Me hiere.



Eres felíz/infelíz. Ves teatro.
¿Porqué a Dadá le gustan las nubes y la lluvia y el sol y la tierra?
¿Porqué Shunyata? Vacío de sentidos.


Eres un cuerpo? Eres paz? Eres sangre? Eso eres, eres sangre y entrañas. Duros dolores inundan la muerte, envician los cuerpos, sucios de placeres insensatos, no humanos y bizarros.

Tu cuerpo. No cualquiera. Es el tuyo el que me moviliza, a vivir. A ser y sentir.
Tus ojos. Tu boca.

El fuego. El fuego! Las llamas. El olvido. El perdón.

Una lluvia de tintura azul inunda las alcantarillas de la ciudad. Se ha usado para ocultar. Se ha usado para callar.

El fuego! Las venas heridas que retuercen intenciones.
Abismos! Lesiones! Heridas!
Sangre, amor, venas, y guerra.

Y en el medio, un amor. El de tu cuerpo desnudo en la alfombra de mi sala. El del mío extenuado en el diván y en las copas vertidas con desdén por todo el techo.
No hay lugar.

3 comentarios:

Emilio dijo...

qué lindo estar en bolas sobre una alfonbra peludita, digo, no sé, se me ocurre que debe ser lindo

Emilio dijo...

alfombra, quise decir! (en bolas)

// Dadá. // dijo...

Seguro! Y también debe haber momentos mucho mejores que otros...
Prefiero el parqué pero siempre me viene a la mente la alfombra. Parqué o alfombra? El parqué es duro...pero la alfombra tiene tierra...
Oh. Pa tanta complicación prefiero el sofá.