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miércoles, 5 de noviembre de 2008

Vertiginosas mareas pueblan extraños momentos de la noche púrpura.

Una luz, ay. Me enceguece, me deja sorda. Me asusta. Me da terror, pánico de verte. De oírte. La luz. Más que tu voz. La luz que irradia esa linterna en tu pecho. Ay, cómo duele. Me hiere. Me lastima, Me hiere.



Eres felíz/infelíz. Ves teatro.
¿Porqué a Dadá le gustan las nubes y la lluvia y el sol y la tierra?
¿Porqué Shunyata? Vacío de sentidos.


Eres un cuerpo? Eres paz? Eres sangre? Eso eres, eres sangre y entrañas. Duros dolores inundan la muerte, envician los cuerpos, sucios de placeres insensatos, no humanos y bizarros.

Tu cuerpo. No cualquiera. Es el tuyo el que me moviliza, a vivir. A ser y sentir.
Tus ojos. Tu boca.

El fuego. El fuego! Las llamas. El olvido. El perdón.

Una lluvia de tintura azul inunda las alcantarillas de la ciudad. Se ha usado para ocultar. Se ha usado para callar.

El fuego! Las venas heridas que retuercen intenciones.
Abismos! Lesiones! Heridas!
Sangre, amor, venas, y guerra.

Y en el medio, un amor. El de tu cuerpo desnudo en la alfombra de mi sala. El del mío extenuado en el diván y en las copas vertidas con desdén por todo el techo.
No hay lugar.

martes, 30 de septiembre de 2008

¡Qué luz!



...(La luz)...
...La que sale cuando se arranca un párpado. Detrás hay una cosa tan indefensa y desesperada como un ángel en una tetera o una hormiga perdida en la inmensidad de un pan. Entonces nace la luz, y no te olvides que los poetas comparan las espadas con los rayos y otros meteoros luminosos. ¿No es cierto que te ha hecho daño? A mí me ha quedado aquí dentro, me anda como un lagarto por la garganta, entre el pelo, la siento en la voz y en la piel, como las medusas que llevan sus linternitas en la panza, y andan boca arriba, y son quizá felices. (Nélida)



Pieza en tres actos. Dos juegos de palabras. Julio Cortázar.