viernes, 21 de agosto de 2009

Encontrar

¿Qué podés hacer cuando constantemente sentís esas ganas terribles de matarte, de desaparecer, de irte? Pero sabés que sola implica una situación peor aún. No puedo estar sola. Me muero de frío. Me muero de terror, de lástima. De desamparo. Ay, me aturdo. Los oídos me zumban. Me bulle el estómago. Me siento muerta. Sola. Como siempre mi nombre tiene un reconocimiento con esta palabra: sola.
Me siento terriblemente sola. Necesito a alguien a mi lado. Me voy a morir de tristeza. No puedo seguir más con mis actividades. No puedo seguir viviendo y sufriendo como si fuese una moneda corriente en mi vida.
Cuando te sentís sola. Eternamente sola. Siempre sola. Cuando te quedás sola con vos misma y no te aguantás. Y querés morirte. Y desaparecer del mapa. Porque ni vos te aguantás.
Porque estás sola. Lo amás, es hermoso ese sentimiento. Pero no podés hacer nada. Ni siquiera hablarlo con nadie. La soledad es un estigma. No te aguantás. No querés estar más sola. Y seguís sola, porque todos están con alguien más. Y vos no. No te soportás. No soportás tus palabras, tus ganas incontenibles de llorar. Necesitás un abrazo. Y te vas de tu casa para que tus viejos no te sigan malcriando y cuando estás sola, te das cuenta de que eran los únicos que estaban con vos. Y querés morirte. Porque no soportás la soledad. Y la angustia. Y amás demasiado y no podés expresarlo. Y eso se torna angustia. Y te odiás a vos misma por la cursilada del amor.
Lo amás, querés estar con él. Pero eso parece no poder pasar. Y te quebrás. Y ya nada tiene sentido para vos. Porque sin amor no tiene nada sentido. Y el amor se trunca. Queda ahí, roto. Muerto. O agonizante. Y parece que no hay nada capaz de levantarte.
Y odiás tu nombre. Y tu forma de ser. Y tu cursilería de enamorarte. Y odiás (y amás a la vez) el porqué no le di bola a cualquier imbécil que se te cruzó en el camino. Y no, porque vos lo amás a él. Más allá de que él no te ame. Vos lo amás y el amor es lo más grande, el amor exige sacrificios. El amor exige un autosacrificio. Pensás que tenés que morirte por ellos. Por ese amor no correspondido. Para no hacerle más mal a nadie, ni siquiera a vos.
Odio esta existencia de sufrimiento. No puedo dedicarle energía a nada, si no puedo llevar mi amor a ningún puerto. ¿De qué me sirve vivir si no es en el amor?
Te sentís sola y deseas que él sepa que lo amás. Para decidir qué hacer con tu vida. No vale la pena seguir así. Qué sentido tiene. Si todos los días son iguales.
A mí ningún hombre me ama. Les caigo simpática. Les resulto linda (no sé qué ven). Pero no me aman. Por alguna razón soy una persona a la cual es imposible amar. Soy la amiga eterna. Nunca va a tener corazón para mí, nadie. Misteriosamente estoy segura de eso. Estoy condenada a portar mi maldito nombre toda la vida. Y la estirpe maldita de mi familia, el estigma de mi educación y los traumas y miedos que he recibido y criado. Maldita sea, porqué no puedo ser felíz? De qué mierda puede servirme una carrera universitaria, una obra, lo que sea, cuando no me siento vivir.Sólo quiero amar. Amar y ser amada. ¿Por qué yo no puedo recibir eso? ¿Por qué siempre le erro al camino más bello? ¿Por qué siempre sola, exceptuando la carga de mis viejos? No los aguanto más, y sin embargo hoy estoy acá, en su casa, porque sabía que sola allá en el departamento no podía estar. No puedo estar sola. No quiero hacer pavadas. Pero no tolero más. No aguanto más vivir sin amor. Necesito tener fe, encontrar belleza, pero por dios, en dónde buscarla?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El verdadero tesoro, el que pone fin a nuestra miseria y nuestra desgracia, nunca está muy lejos, no es preciso buscarlo en un lejano país, yace envuelto en los lugares más íntimos de nuestra propia casa, es decir, de nuestro propio ser. Está detrás de la estufa, el centro dador de la vida y de calor que ordena nuestra existencia, el corazón de nuestro corazón, si es que supiésemos excavar. Pero ocurre el hecho singular y constante de que solo después de un piadoso viaje a una región lejana, en un país extraño, sobre una tierra nueva, que el significado de esa voz interior que guía nuestra búsqueda podrá revelarse en nosotros. Y, a ese hecho singular y constante, se agrega otro, a saber: que el que nos revela el sentido de nuestro misterioso viaje interior debe ser él también un extranjero, de otra creencia y de otra raza.

Heinrich Zimmer

Meliquina. dijo...

Quién serías, quién...?