sábado, 28 de enero de 2012

QUEMANDO FLORES DE PAPEL

Acabo de prender fuego mi casa. Ardían rojas las llamas del amor todavía cuando el odio se apoderó de mis manos. Golpeé, golpeé -y nunca atendiste. Tenías las manos muy ocupadas, y los ojos mirando dentro tuyo. Cuando quise darme cuenta yo estaba dentro y demoré un año en ver el otro lado del túnel. Finalmente estoy aquí y puedo ver cómo las florecitas que un día me diste, en realidad estaban por todo el suelo dispersas. Creí, creí otra cosa, creí en vos, creí en el Amor. Pero ya no espero. No sé si te espero. Pero no espero. Quise recordarte y así amarte; pero con recuerdos no se ama. Quise ser tu amiga, tu memoria, tu ventana. Nada de eso querías. Vos solamente querías que te mandara a la mierda. Bueno, acá está. Te estoy echando, echando de mi vida. Chau, decime adiós. Y cortemos con esto. Me cansaste. Tal vez en otra vida seamos felices. Quizá no. Prendí fuego las cenizas mismas, ahí, ahí donde oriné mis recuerdos. Puse todas tus -otras- cartas en un Todo y las quemé. Te quise demasiado, te quiero demasiado. No estás para esto. Yo tampoco. Hubiese querido recorrer con vos el mundo, ver esos dibujos, ser tu amiga preferida. Llevarte de la mano por mis cielos, y mostrarte mi casa. Ver los cielos y las sierras con vos, conocer tu casa. Pero no ves que no somos nada? Que me até a tu imagen, cuando vos ni reflejo tenés. Mi corazón tenía un agujerito, y se vació. Ahora está vacío, espero, de rencores y pedidos. Te amo, todavía, claro. Pero no puedo con esto. Te esperé demasiado, pero quizá un año es lo que demora una niña en hacerse mujer. Te deseé, te toqué, te amé, te besé, te lamí, te mordí, te grité, te susurré, pero no pudiste poseerme. Llegaste tan lejos, pero no quisiste arrojarte, cobarde. Quizá sea mejor así, quizá mañana vea otro sol. Hoy es negro y eclipsado, por flores quemándose en humos dulces. Esas flores blancas que me enseñaste a fumar, adornan hoy la tumba de lo que deseaba para vos. Quemé tus cartas, sí, las que nunca te dí, en una pira funeraria. Te derretiste en una foto mental, y luego decoré la tumba, con caramelos de dulce de leche. Te amo, no puedo olvidarlo. Pero hasta hoy llegué.

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