el suelo tembló. Aquello que soñé por esos cuarenta días y cuarenta noches se hizo realidad en un minuto. Una lágrima mojó mi mejilla. Era mía, lo sé porque me sentía desmayar. Creo que vos también lo supiste porque deslizaste tu brazo por mi espalda y me tomaste más fuertemente. Así como empezó, terminó, suavemente. Abrí los ojos (¿se llora con los ojos cerrados?) y te ví. No sonreías. Mi miraste de nuevo a los ojos desde los tuyos negros. Me habías tomado de las muñecas. Me diste un golpecito en la cara con tu dedo. Y te fuiste porla puerta caminando como si no hubiese pasado nada. Yo me quedé sola y sin entender. Más tarde comprendí que debió durar solo unos segundos, pero para mí fueron momentos eternos. Después no me dijiste nada más.(Escucho A Song Dedi, de Goran Bregovic, me hace pensar en vos.)